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La lírica española desde los años 50 hasta la actualidad.

13 febrero, 2013 Deja un comentario

Por Ángel RodríguezB2C

En este periodo se produjo un retroceso económico y un fuerte aumento del coste de la vida. En los primeros años de posguerra imperaron el silencio y el terror a la delación; gran parte de la población padecía frío, enfermedades y desnutrición. El razonamiento y la escasez de productos de primera necesidad convirtieron el estraperlo en práctica habitual. En la época de los 50 hubo una recuperación económica.

En los 60 y hasta 1975 se elevó el nivel de vida, el turismo, la movilidad social y la inmigración generaron un cambio en las costumbres.

Aspectos ideológicos y culturales: en la inmediata posguerra, la ideología se basó en el pasado heroico nacional y la afirmación de la unidad y la fe católica. El estado decidió las orientaciones culturales y artísticas mediante la censura.

A partir de los años 50 se desarrolló una ideología contraria a la oficial y la calidad de prensa mejoró.

Orientaciones poéticas: en los 40 dominan la creación, el neoclasicismo y el existencialismo.

En los 50 predominan la poesía social, crítica, caracterizada por la sencillez expresiva, la presencia de lo narrativo, y la intención apelativa.

La promoción de los años 60 es un grupo de poetas publican sus primeras obras a mediados de la década de los 50, conocidos como el ‘grupo poético de los años 50’. Conciben la poesía como un proceso de conocimiento de la realidad y de sí mismos.

Son caracterizados por un análisis de la memoria personal y la experiencia individual e histórica, temas del paso del tiempo vinculado con el amor, ligado al erotismo y la amistad, poemas de reflexión sobre la poesía, la presencia de lo religioso. Sus máximos representantes son:

José Ángel Valente es un autor que destaca por una indagación constante en el lenguaje, con la finalidad de llegar al conocimiento poético y a su propia salvación. En sus primeras obras, A modo de esperanza (1955) y Poemas a Lázaro (1960) intenta hallar la verdad a partir de la experiencia, por medio de un verso preciso y sobrio.

Desde La memoria y los signos (1966) hasta El inocente (1970), se produce una etapa destructiva que pretende desenmascarar mentiras por medio de una crítica despiadada. Comienza entonces una etapa “fragmentaria” en la que predominan los poemas breves. Treinta y siete fragmentos (1972) e Interior con figuras (1976).

Con Material de memoria (1979)  se abre un nuevo ciclo en su poesía, en el que predomina un estado de espera receptiva e incorpora el lenguaje de la mística, Mandorla (1982), El fulgor (1984) y No amanece el canto (1992)

En Ángel González se aprecian tres etapas:

Primera etapa. Desde Áspero mundo (1956) hasta Tratando de Urbanismo (1967) la decepción y el pesimismo existencial se aúnan con una dura crítica del mundo circundante.

El tema es el paso del tiempo y subtemas como el amor, el desengaño, el absurdo de la vida, la infancia como paraíso perdido y el transcurrir histórico. En grado elemental (1962) la ironía es su eje central

Segunda etapa: abarca desde Breves canciones para una biografía (1971)  hasta Prosemas o menos (1985). Se incorpora a los textos lo lúdico, la ironía que deriva hacia el humor; también abundan neologismos y juegos de palabras.

Tercera etapa: se abre con Deixis en fantasma (1992) y continúa con Otoños y otras luces (2000). Comienza entonces una meditación de carácter elegíaco. Continúa en su obra la obsesión  por el paso del tiempo y el testimonio del tiempo histórico.

Con Jaime Gil de Biedma la creación literaria es reunida en Las personas del verbo (1975 y 1982).

Tiene un afán de hallar una identidad propia. Su tema principal es el paso del tiempo y las experiencias personales. Al paso del tiempo se liga el amor, además de los espacios urbanos.

En Las personas del verbo se recogen estos poemas: compañeros de viaje (1959) mundo de la infancia, adolescencia, amistad, el amor y la ciudad; Moralidades (1966) recuerdo del pasado, nostalgia por lo perdido; Poemas póstumos (1968) que marca la madurez del poeta.

Con una voz poética que se dirige con un tú o un vosotros ydesdoblamiento del yo, destaca por lo coloquial, el tono conversacional y la intertextualidad.

La promoción de los años setenta es representada por un grupo de jóvenes conocido como “novísimos”.

Se caracterizan por un alejamiento del realismo, defensa de la autosuficiencia del poema, atención al leguaje y ausencia de lo sentimental. Referencias a elementos culturales del arte, la historia, mitología y la literatura (culturalismo). Presencia de mitos populares. Tratamiento de la poesía misma como tema del texto poético (metapoesía). Destaca la tendencia a la experimentación lingüística y a un neobarroquismo expresivo  con gran riqueza léxica, imágenes irracionales enumeraciones caóticas, etc.

La Poesía de la experiencia es una corriente dominante hasta mediados de la década de los 90. sus características generales son, la insistencia en el carácter ficticio del poema y en las experiencias individuales, relaciones amorosas, desengaño, y fracaso, conciencia del paso del tiempo. Predomina un cierto carácter narrativo. Ética verosímil y realista. Estilo cuidado pero sencillo, con rasgos conversacionales y prosaicos, y un léxico propio de la cultura urbana. Empleo de citas, humorismo y métricas tradicionales.

Otras tendencias son:

Poesía del silencio, conceptualista. Andrés Sánchez Robaina, Clima (1978), La Roca (1984); Álvaro Valverde, Una oculta razón (1991)

Poesía neoimpresionista y elegíaca. Andrés Trapiello, La vida fácil (1985); Eloy Sánchez Rosillo, Elegías (1984); José Julio Cabanillas, Las canciones del alba (1990)

Poesía épica. Julio Llamazares, La lentitud de los bueyes (1979); José Luis Puerto, Un Jardín al olvido (1987)

Poesía neosurrealista. Blanca Andreu, De una niña de provincias que se vino a vivir a un Chagall (1980); Miguel Velasco, Las berlinas del sueño (1981); Amalia Iglesias, Un lugar para el fuego (1985)

Desde 2000 hasta la actualidad, destaca la pluralidad poética e intereses con rasgos generales como la influencia de las vanguardias, disminución de la presencia del yo poético, tendencia a una visión nihilista y desesperanza que no excluye el vitalismo. Presencia de motivos y signos de nuestro tiempo extraído del cine, la ciencia, el deporte, etc.  Tendencia poética crítica y política. Renovación lingüística, regreso a la importancia del lenguaje poético.

 

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