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El teatro desde la posguerra hasta hoy

19 febrero, 2013 Deja un comentario

Por Cristina García Parejo, B2C

1. Panorama general

La evolución del teatro español estuvo determinada por la Guerra Civil y sus consecuencias, como el exilio de algunos autores (Rafael Alberti o Pedro Salinas) o la muerte de otros (García Lorca o Valle-Inclán).

Durante la posguerra, el teatro se encontró al servicio de la dictadura, con lo que las dos corrientes dramáticas (comedia burguesa y el teatro del humor) tenían como rasgo común la evasión de la realidad. Durante los años 40 irrumpió el teatro realista, a partir de los 50 surgió el teatro de vanguardia y en los 60 surgió el teatro simbolista, corrientes que se vieron influenciadas por el teatro absurdo y el de la crueldad. Después de 1975 surgió un teatro neorrealista con el que se pusieron en escena obras de los grandes dramaturgos pasados.

2. La comedia: Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela

En la posguerra floreció el teatro de humor, alejado de la realidad inmediata, con dos grandes autores: Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura.

El teatro de Jardiel Poncela

La producción teatral de Jardiel Poncela se caracteriza por la incorporación de lo inverosímil, con ingredientes de locura y misterio. Los personajes de sus obras, siempre numerosos, pertenecen a la burguesía y en ellas suele aparecer el esquema amo/criado. Algunas de sus obras más conocidas son “Eloísa está debajo de un almendro”, comedia clásica de humor negro que estrenada en 1940, “Un marido de ida y vuelta” (1939) o “Tú y yo somos tres” (1945).

El teatro de Mihura

La producción dramática de Mihura no pretende reflejar, sino idealizar la vida por medio la humanización de sus personajes y el triunfo de la bondad y la ternura. Mihura restablece, al final de sus dramas, la normalidad perdida. Algunas de sus principales obras son “Tres sombreros de copa” (que se estrenada 20 años después de ser escrita, en 1952), “¡Sublime decisión!” (1955) y “Melocotón en almíbar” (1958).

 3. El realismo: Buero Vallejo, Martín Recuerda y Sastre

Las obras del teatro realista se caracterizan por la complejidad de los espacios escénicos y la profundización de los caracteres de los personajes.

Antonio Buero Vallejo

En su teatro, Buero buscó la moderna tragedia española. Las obras de Buero Vallejo constituyen una síntesis de realismo y simbolismo. En ellas se oponen conflictivamente personajes contemplativos y personajes activos. Sus obras más importantes son “Historia de una escalera” (1949) en la que en un mismo decorado, la escalera de una casa de vecinos, y en tres épocas, transcurre la vida de unos personajes impotentes para superar su situación de indigencia; “En la ardiente oscuridad” (1952), en la que se plantea la lucha por la verdad y la libertad, “El sueño de la razón” (1970) en la que se lucha por la libertad del individuo y “La fundación” (1974) en la que aparece el tema de la tortura.

José Martín Recuerda

El teatro de José Martín Recuerda posee un pronunciado carácter documental, de signo crítico, cargado de crispación y desgarro. Sus principales obras son “Las salvaje en Puente San Gil” (1961), que constituye una reflexión contra la intolerancia y un alegato contra la hipocresía de muchos españoles de posguerra y “Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca” (1970) que narra los últimos momentos de Mariana Pineda, heroína liberal condenada a muerte durante el reinado de Fernando VII.

Alfonso Sastre

El talante luchador de Sastre se observa en la serie de manifiestos para la renovación del teatro español que inició en 1950, cuando formó el Teatro de Agitación Social. Sus obras más destacadas son “Escuadra hacia la muerte” (1953) con la que consiguió su proyección en el teatro español y en la que el conflicto central es la decisión de unos soldados de matar al sargento que los tiraniza, “La sangre y la ceniza” (1965, estrenada en 1976) en la que se escenifican los últimos acontecimientos vividos por Miguel Servet y “La taberna fantástica” (1966, estrenada en 1985) en la se presenta la historia de Rogelio, quien bebe aguardiente para animarse a ir a velar a su madre.

4. Los grupos independientes

La independencia del teatro suponía el rechazo del espectáculo conservador mediante la creación de una estética peculiar y un intento de autofinanciación.

En esta orientación fueron pioneros L’Escola Dramàtica Adrià Gual o Els Comediants o Els Joglars en Barcelona. En Madrid fue importante el TEM (Teatro Estudio de Madrid). En el resto de España cabe destacar a Tabanque y La Cuadra (Sevilla), el Teatro de Cámara de Zaragoza, el Teatro Universitario (Murcia) y el Teatro Critico de Galicia.

5.El teatro desde 1975

En los años de la transición democrática tuvo lugar el surgimiento de un teatro neorrealista.

El teatro de la transición (1975-1985)

En esta etapa se producen varios fenómenos entre los que se encuentran: la recuperación de los dramaturgos más importantes del siglo XX, que los autores realistas más representativos continúan escribiendo y estrenando sus obras, la importancia de la representación vanguardista, el fin de muchos grupos de teatro independiente o el comienzo de la creación de un teatro neorrealista.

El teatro neorrealista

En los años de la transición aparece una nueva promoción de dramaturgos denominada la “Generación del 82” o “Generación de la Transición”. Estos escritores poseían un importante conocimiento y práctica de la profesión. Los rasgos más destacados de este tipo de obras son: la actitud realista, el interés por personajes no integrados, la ruptura de la moral tradicional y utilización del humor y la ironía. Los autores más conocidos y sus obras son:  José Sanchís Sinisterra con “Sangre lunar” (2006), José Luis Alonso de Santos con “Yonquis y yanquis” (1996) e Ignacio Amestoy con “El toro rojo” (1992).

Las últimas promociones

Hacia finales de los años 80 surge una nueva promoción de escritores con formación universitaria que continúan la labor de los dramaturgos anteriores. Entre estos destacan Ernesto Caballero, Paloma Pedrero o Ignacio del Moral.

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La lírica española desde los años 50 hasta la actualidad.

13 febrero, 2013 Deja un comentario

Por Ángel RodríguezB2C

En este periodo se produjo un retroceso económico y un fuerte aumento del coste de la vida. En los primeros años de posguerra imperaron el silencio y el terror a la delación; gran parte de la población padecía frío, enfermedades y desnutrición. El razonamiento y la escasez de productos de primera necesidad convirtieron el estraperlo en práctica habitual. En la época de los 50 hubo una recuperación económica.

En los 60 y hasta 1975 se elevó el nivel de vida, el turismo, la movilidad social y la inmigración generaron un cambio en las costumbres.

Aspectos ideológicos y culturales: en la inmediata posguerra, la ideología se basó en el pasado heroico nacional y la afirmación de la unidad y la fe católica. El estado decidió las orientaciones culturales y artísticas mediante la censura.

A partir de los años 50 se desarrolló una ideología contraria a la oficial y la calidad de prensa mejoró.

Orientaciones poéticas: en los 40 dominan la creación, el neoclasicismo y el existencialismo.

En los 50 predominan la poesía social, crítica, caracterizada por la sencillez expresiva, la presencia de lo narrativo, y la intención apelativa.

La promoción de los años 60 es un grupo de poetas publican sus primeras obras a mediados de la década de los 50, conocidos como el ‘grupo poético de los años 50’. Conciben la poesía como un proceso de conocimiento de la realidad y de sí mismos.

Son caracterizados por un análisis de la memoria personal y la experiencia individual e histórica, temas del paso del tiempo vinculado con el amor, ligado al erotismo y la amistad, poemas de reflexión sobre la poesía, la presencia de lo religioso. Sus máximos representantes son:

José Ángel Valente es un autor que destaca por una indagación constante en el lenguaje, con la finalidad de llegar al conocimiento poético y a su propia salvación. En sus primeras obras, A modo de esperanza (1955) y Poemas a Lázaro (1960) intenta hallar la verdad a partir de la experiencia, por medio de un verso preciso y sobrio.

Desde La memoria y los signos (1966) hasta El inocente (1970), se produce una etapa destructiva que pretende desenmascarar mentiras por medio de una crítica despiadada. Comienza entonces una etapa “fragmentaria” en la que predominan los poemas breves. Treinta y siete fragmentos (1972) e Interior con figuras (1976).

Con Material de memoria (1979)  se abre un nuevo ciclo en su poesía, en el que predomina un estado de espera receptiva e incorpora el lenguaje de la mística, Mandorla (1982), El fulgor (1984) y No amanece el canto (1992)

En Ángel González se aprecian tres etapas:

Primera etapa. Desde Áspero mundo (1956) hasta Tratando de Urbanismo (1967) la decepción y el pesimismo existencial se aúnan con una dura crítica del mundo circundante.

El tema es el paso del tiempo y subtemas como el amor, el desengaño, el absurdo de la vida, la infancia como paraíso perdido y el transcurrir histórico. En grado elemental (1962) la ironía es su eje central

Segunda etapa: abarca desde Breves canciones para una biografía (1971)  hasta Prosemas o menos (1985). Se incorpora a los textos lo lúdico, la ironía que deriva hacia el humor; también abundan neologismos y juegos de palabras.

Tercera etapa: se abre con Deixis en fantasma (1992) y continúa con Otoños y otras luces (2000). Comienza entonces una meditación de carácter elegíaco. Continúa en su obra la obsesión  por el paso del tiempo y el testimonio del tiempo histórico.

Con Jaime Gil de Biedma la creación literaria es reunida en Las personas del verbo (1975 y 1982).

Tiene un afán de hallar una identidad propia. Su tema principal es el paso del tiempo y las experiencias personales. Al paso del tiempo se liga el amor, además de los espacios urbanos.

En Las personas del verbo se recogen estos poemas: compañeros de viaje (1959) mundo de la infancia, adolescencia, amistad, el amor y la ciudad; Moralidades (1966) recuerdo del pasado, nostalgia por lo perdido; Poemas póstumos (1968) que marca la madurez del poeta.

Con una voz poética que se dirige con un tú o un vosotros ydesdoblamiento del yo, destaca por lo coloquial, el tono conversacional y la intertextualidad.

La promoción de los años setenta es representada por un grupo de jóvenes conocido como “novísimos”.

Se caracterizan por un alejamiento del realismo, defensa de la autosuficiencia del poema, atención al leguaje y ausencia de lo sentimental. Referencias a elementos culturales del arte, la historia, mitología y la literatura (culturalismo). Presencia de mitos populares. Tratamiento de la poesía misma como tema del texto poético (metapoesía). Destaca la tendencia a la experimentación lingüística y a un neobarroquismo expresivo  con gran riqueza léxica, imágenes irracionales enumeraciones caóticas, etc.

La Poesía de la experiencia es una corriente dominante hasta mediados de la década de los 90. sus características generales son, la insistencia en el carácter ficticio del poema y en las experiencias individuales, relaciones amorosas, desengaño, y fracaso, conciencia del paso del tiempo. Predomina un cierto carácter narrativo. Ética verosímil y realista. Estilo cuidado pero sencillo, con rasgos conversacionales y prosaicos, y un léxico propio de la cultura urbana. Empleo de citas, humorismo y métricas tradicionales.

Otras tendencias son:

Poesía del silencio, conceptualista. Andrés Sánchez Robaina, Clima (1978), La Roca (1984); Álvaro Valverde, Una oculta razón (1991)

Poesía neoimpresionista y elegíaca. Andrés Trapiello, La vida fácil (1985); Eloy Sánchez Rosillo, Elegías (1984); José Julio Cabanillas, Las canciones del alba (1990)

Poesía épica. Julio Llamazares, La lentitud de los bueyes (1979); José Luis Puerto, Un Jardín al olvido (1987)

Poesía neosurrealista. Blanca Andreu, De una niña de provincias que se vino a vivir a un Chagall (1980); Miguel Velasco, Las berlinas del sueño (1981); Amalia Iglesias, Un lugar para el fuego (1985)

Desde 2000 hasta la actualidad, destaca la pluralidad poética e intereses con rasgos generales como la influencia de las vanguardias, disminución de la presencia del yo poético, tendencia a una visión nihilista y desesperanza que no excluye el vitalismo. Presencia de motivos y signos de nuestro tiempo extraído del cine, la ciencia, el deporte, etc.  Tendencia poética crítica y política. Renovación lingüística, regreso a la importancia del lenguaje poético.

 

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El lenguaje de la publicidad II

5 febrero, 2013 Deja un comentario

Ahora -y desde hace unas décadas- es frecuente oír o leer que un anuncio ‘es bueno’ y esta atribución de bondad -o incluso excelencia- se debe a que el consumidor percibe en el mensaje publicitario esencialmente dos características: que está bien hecho (o sea, que es estéticamente relevante, que llama la atención) y que es ingenioso (esto es, que transmite su idea de venta con inteligencia y cierta chispa).

Gracias otra vez, Luis Bassat

El lenguaje de la publicidad I

5 febrero, 2013 Deja un comentario

Cada año nos topamos con el tema ‘Los textos publicitarios’ y cada año repetimos a los alumnos que estos -los textos- cada vez son menos y cada vez importan menos en publicidad, porque hace décadas que esta ha dejado de intentar razonar con los consumidores -hay excepciones, qué duda cabe- y, en lugar de argumentar, ha elegido seducir, que es un recurso más básico, va directo ‘al hueso’ y, por lo que se ve, da mejores resultados y, además, consigue que los anuncios gusten por sí mismos.

Si a esto unimos que el ser humano, después de milenios de cultura verbal, está volviendo -o evolucionando- a una cultura visual, el papel casi anecdótico de los textos publicitarios queda perfectamente justificado.

Qué es y cómo funciona la publicidad*:

*Gracias, Luis Bassat

La lírica española desde la posguerra hasta los años 50

4 febrero, 2013 Deja un comentario

Por Ángel Horrillo, B2C

En este periodo se produjo un retroceso económico y un fuerte aumento del coste de la vida. En los primeros años de posguerra imperaron el silencio y el terror a la delación; gran parte de la población padecía frío, enfermedades y desnutrición. El racionamiento y la escasez de productos de primera necesidad convirtieron el estraperlo en práctica habitual. En la época de los 50 hubo una recuperación económica.

En los 60 y hasta 1975 se elevó el nivel de vida. El turismo, la movilidad social y la emigración generaron un cambio en las costumbres.

Aspectos ideológicos y culturales: En la inmediata posguerra, la ideología se basó en el pasado heroico nacional y la afirmación de la unidad y la fe católica. El estado decidió las orientaciones culturales y artísticas mediante la censura.

A partir de los años 50 se desarrolló una ideología contraria a la oficial y la calidad de la prensa mejoró.

Orientaciones poéticas: En los 40 dominan la creación, el neoclasicismo y el existencialismo.

En los 50 predominan la poesía social, crítica, caracterizada por la sencillez expresiva, la presencia de lo narrativo, y la intención apelativa.

Miguel Hernández: pertenece a la generación de los poetas garcilasistas, sin embargo, su producción se vincula a la generación del 27, dado que cultiva algunas de las tendencias importantes del grupo (barroquismo gongorino, surrealismo y el neopopularismo.)

Evolución poética:

  • Primera etapa: Perito en lunas (1933). Este poemario de inspiración gongorina y vanguardista se caracteriza por su complejidad y barroquismo.
  • Segunda etapa: Corresponde a la poesía comprometida. El hombre acecha (1939).
  • Última etapa: corresponde a los poemas escritos en la cárcel. Cancionero y romancero de ausencias (1941).

Sus temas son la pena, el destino trágico, amor, muerte y ausencia. El amor ligado a la pasión y el erotismo y la culminación de la unión conyugal y la maternidad. El odio, la acechanza entre los hombres.

Estilo y métrica: utiliza un vocabulario más sencillo  y sobresale el uso de símbolos. En sus poesías destacan las metáforas e imágenes y los recursos de repetición. En cuanto a la métrica encontramos formas cultas y populares, y además, uso del verbo libre.

  • El rayo que no cesa (1936): Su tema central es el sufrimiento amoroso. En algunos de estos poemas aparece el símbolo del toro. Incluyen Elegía a Ramón Sijé. Los elementos de la naturaleza que compartieron ambos sirven para expresar el dolor por su perdida.
  • Cancionero y romancero de ausencias: Sus temas son heridas de la vida, el amor y la muerte, y la concepción trágica de la existencia. La voz poética ha perdido todo, sufre de ausencia y falta de libertad. Aparece un mundo lleno de ira, acecho y rencor del que solamente el amor puede liberarlo. Nanas de la cebolla.

 

Poesía en los años cuarenta:

En los años cuarenta destacan en España la poesía neoclásica y la heroica y política. Por otra parte aparecerá una corriente existencialista centrada en el ser humano.

  • Poesía neoclásica: Las revistas (Escorial y Garcilaso) tuvieron un papel importante papel en la difusión de las diversas líneas literaria. Destacan Rosales, Panero, Vivanco, Ridruejo y García Nieto con temas como la religión, la familia, la naturaleza y la vida cotidiana.
  • Poesía existencialista: Se centra en el sufrimiento. Los temas son la búsqueda de Dios, las crisis religiosas y la angustia por la muerte. Se publican dos obras fundamentales:

Hijos de la ira (1944, de Dámaso Alonso): es una protesta contra todo, universal y cósmica. Se emplea un lenguaje cotidiano y un léxico diverso, incluido el no poético, abundan repeticiones y acumulación de imagines. Está presente en verso libre.

Sombra del paraíso (1944, V. Aleixandre): se muestra el descontento ante el destino humano y se añora el paraíso perdido.

  • Poesía Vanguardista:

-El Postismo: busca la sorpresa por medio de la ruptura de la lógica, el humor, un lenguaje lúdico e imágenes irracionales. Tuvo dos órganos de expresión (Postismo y Cerbatana, en ellas se reivindicaba una poesía imaginativa)

-El Grupo Cántico: Aunaron la imagen vanguardista y la poesía de la experiencia. Estuvo caracterizado por el barroquismo y el refinamiento formal, el culturalismo y el vitalismo del tema amoroso.

-La tendencia surrealista: Presente en obras de Cela y Labordeta, en la que predominan la frustración y el dolor (Violento idílico, 1944, de Labordeta), la desolación ante la realidad y la muerte (Canto de la vida muerta, 1946, de Juan Eduardo Cirlot)

Años cincuenta: La poesía social. Caracterizada por su preocupación por la realidad y la vida colectiva, su rechazo al formalismo y tendencia al prosaísmo.

Gabriel Celaya: Primera etapa: libros próximos al surrealismo. Marea del silencio, 1936. Segunda etapa: se acerca a la vida cotidiana y analiza sus sentimientos usando un lenguaje coloquial (Tranquilamente hablando, 1947).Tercera etapa: Corresponde a la poesía social. El poeta se siente integrado en la colectividad, criticando la situación política y social, y lucha para transformar el mundo. Cantos iberos, 1955. Cuarta etapa: tendencia de experimentación formal. Los poemas tratan el enigma de nuestra existencia y su integración con la naturaleza y con los otros seres. Campos semánticos, 1971.

Blas de Otero: Sus temas son la rebelión ante la injusticia y su ansia de paz. En su primera etapa corresponde a la pesia existencial (Ángel fieramente humano, 1950 y Redoble de conciencia, 1951). Se caracterizan por el tono trágico y la actitud atormentada, la desolación del mundo y el silencio de Dios. Utiliza el verso libre. A partir de Pido la paz y la palabra, 1955, se incorpora a la poesía social. En sus últimos años cultivo una poesía experimental, de influencia surrealista con imágenes irracionales (Historias fingidas y verdaderas, 1970.)

José Hierro: Su producción presenta temática constantes (experiencia personal) y estilística (sobriedad expresiva y preferencia por determinadas formas métricas). Practica dos variedades: los ‘reportajes’ (poemas de carácter narrativo que parten de un hecho real) y las ‘alucinaciones’ (donde predominan subjetividad y componentes irracionales). En sus primeros libros están presentes el paraíso perdido de la infancia, el dolor y la muerte y el sufrimiento amoroso: Alegría, (1947). Con Quinta del 42 (1952) el poeta reivindica la presencia de realidad histórica marcada por el dolor y la solidaridad. Cuanto se de mí (1957) sigue en esa línea social, aunque con un tono más subjetivo.

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