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Alfonsina Storni: ‘Voy a dormir’

Por Ana Lozano Yedro

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos encardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste:
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Alfonsina

Nació en Sala Caprisa (Suiza) en 1892 y murió en el Mar del Plata en Buenos Aires (Argentina) en 1938 con 46 años de edad.

Fue una poetisa y escritora posmodernista. Su producción literaria al igual que su vida están repletos de valentía, romanticismo y lucha. Sus contenidos sirvieron de reivindicación y bandera a las mujeres de toda una época, pues buscaban la igualdad entre sexos aunque defendiendo sobretodo la feminidad de la mujer.

Sus padres ambos de origen suizo regentaban una cervecería en San Juan, pero en 1891 volvieron temporalmente a Suiza donde nació Alfonsina un año después. De vuelta, en Argentina su madre montó una escuela domiciliaria y su padre un café. Alfonsina era una niña curiosa, imaginativa y mentirosa que solía meter a su familia en líos. A los 10 años dejó la escuela para trabajar en el café de su padre y a los 12, tras la muerte de éste comenzó a escribir poesía. Buscó un nuevo trabajo en una fábrica de gorras. Posteriormente se uniría a una compañía teatral como actriz recorriendo así numerosas ciudades del país durante un año de gira tras el cuál escribió su ópera prima (teatral): “un corazón latiente”.

A los 17 años se mudó a una pensión de Coronada para estudiar maestro rural, que pese a no tener los estudios primarios la admitieron por su entusiasmo. Realizó numerosas colaboraciones con el periódico del colegio y los fines de semana viajaba a Rosario para cantar en un lugar de mala reputación. Cuando esto se descubrió se dio a la fuga, dejando una nota y fue encontrada llorando bajo un puente (Se cree que fue un presagio de lo que ocurriría 30 años más tarde).

En 1911 nació su hijo Alejandro, de padre desconocido. Encontró trabajo como una cajera en una farmacia y en una tienda. Se presentó a una entrevista de corresponsal psicológico entre 100 varones y fue escogida, aumentando así sus ingresos que le permitían mantener a su hijo.

En 1916 escribe “Inquietud del rosal” donde se descubre como madre soltera y sin complejos, fue su primer libro y calificado de inmoral. Éste le permitía adentrarse en revistas como “Caras y caretas” o “Nosotros” donde empezó a publicar, pese a que perdió su empleo es la empresa aceitera. Colaboró gratuitamente con “La Acción” y la revista “Proteo” y fue nombrada directora de un colegio.

En 1918 publicó “El dulce cariño” y en 1920 “Languidez” Primer Premio Municipal de Poesía y 2º Premio Nacional de Literatura, con el que levantó a su alrededor una gran ola de admiración y simpatía. En esta época comenzó el poema “Ocre” con el que abandona el erotismo concreto que la caracterizaba, para escribir de una forma más abstracta y reflexiva (incluyendo la ironía).

La multitud de viajes que realizaba y de actividades la producía depresión y cansancio que afectaban a sus nervios empeorando su salud.

Empezó una relación con el escritor Horacio Quiroga, pero nunca se supo bien si fue algo más, ya que en 1927 el se casó con otra mujer.

En 1925 publicó por fin “Ocre” y en 1927 “El amo del mundo”: una obra de tres actos con sus teorías sobre las relaciones entre hombres y mujeres que tuvo malas críticas y sufrió mucho ya que en ésta revelaba sus intimidades a cerca de su hijo y el hombre al que amaba, nunca lo superó.

Sus obras fueron progresivamente reflejando su estado enfermizo, su personalidad llena de preocupaciones, malos ratos, apuros y estados variables de salud. Se sentía perseguida y se convirtió en una maniática. En  publicó “Dos farsas pirotécnicas”, en 1934 “Mundo de siete pozos” en el que dedica un poema a Federico García Lorca.

Un año después mientras se bañaba en una playa cayó inconsciente y la diagnosticaron cáncer de mama, la operaron pero resultó imposible extraer el tumor.

En 1937 publicó su último libro “Mascarilla y trébol” en el que trata de superar la muerte de su amigo Horacio Quiroga.

Viajó al Mar del Plata por trabajo, pero el dolor ya la hacía pensar en el suicidio. Estando en una pensión escribió cartas a su hijo y un último poema que envió al diario “La Nación”, el poema “Voy a dormir”. Unos días después fue encontrada muerta en el mar tras arrojarse desde una escollera, el día después de su funeral publicaron su poema.

El poema

Es un antisoneto de cuatro estrofas y 14 versos endecasílabos que no tienen rima entre sí. Están organizados en dos cuartetos y dos tercetos.

En este poema Alfonsina pide ayuda a la muerte, ella enferma de cáncer sufre y decide acabar con su dolor y evitar el sufrimiento de su hijo que la tendría que cuidar:

En el primer cuarteto: Alfonsina describe la situación en la que se encuentra en el suelo y la muerte va a su encuentro como una nodriza que la cuida.

Utiliza elementos como la enumeración y el asíndeton para describir la situación y recursos como las alegorías “Dientes de flores…musgos escardados”.

En el segundo cuarteto: Alfonsina amplía la descripción del lugar aludiendo al cielo y a las estrellas.

Utiliza metáforas: La lámpara-> Las constelaciones.

En el primer terceto: Alfonsina pide a la nodriza (la muerte) que la deje sola y se para a describir lo que ocurre a su alrededor: la hierba crece, los pájaros cantan, etc.

Utiliza una personificación: “Un pájaro le traza los compases”.

En el segundo terceto: Alfonsina concluye dándole un encargo a la nodriza, la pide que si la llama él (se desconoce quien pudo ser, su hijo se atribuyó la identidad al intentar evitar en un último instante el suicidio, pero cabe la posibilidad que sea el amor de su vida o ese amor idílico al que se refiere en sus poemas) le diga que ya se había ido.

Utiliza un encabalgamiento con el que empieza la frase: “…compases para que olvides”.

En mi opinión Alfonsina no le guarda rencor a la muerte, sino que la acepta y a compara con un sueño profundo y dulce al que se entrega tras una vida de sufrimiento y lucha constante. En definitiva, nos anuncia su muerte voluntaria y le pide ayuda a la figura de la nodriza (que representa a la muerte) para que la prepare su lecho mortal.

Se cree que su suicidio fue debido a la falsa creencia de que el cáncer se contagiaba y Alfonsina temía poder pasárselo a su hijo.

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