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Crisis sintáctica I

Por Jesús Alonso

Aún recuerdo con cierta satisfacción la cara de mi profesor de Lingüística Computacional (juro que existe) de mis cursos de doctorado cuando, ante su afirmación de que su máquina (entiéndase un programa que había escrito para realizar análisis sintácticos) podía analizar cualquier oración,  yo le propuse estas dos:

I Los chinos, en lo que son buenos, es haciendo puentes.

II Si tienes sed, en la nevera hay cervezas.

Ambas oraciones fueron emitidas en situaciones perfectamente normales y fueron interpretadas por mí como legítimas e inteligibles en el momento en que las oí. Son, por decirlo así, español corriente.

Demasiado corriente. Tan corriente y normal, que desborda por mucho los límites de los modos (no digo métodos) de análisis sintáctico y, especialmente, los que enseñamos a los estudiantes de Secundaria. Incidentalmente, añadiré que la máquina de mi profesor (y el profesor mismo) fracasaron en su intento de análisis: siempre sobraba o faltaba algún elemento para que el susodicho análisis funcionase.

El viejo truco gramático del elemento que falta o sobra… Veamos un ejemplo de elemento sospechosamente apareciente (sé que la palabra no existe, pero tiene ADN latino y castellano):

III El perro come pan

En esta oración entendemos que “el perro” come habitualmente pan (nombre no contable) o que puede comerlo si llega el caso. Obviamente “pan” es Complemento Directo ya que comer es, obviamente de nuevo, un verbo transitivo… pero, entonces, ¿por qué no podemos volverla por pasiva?

IV El pan es comido por el perro

Se entiende que es  una opción viable pero, en este caso, en IV ya no se dice lo mismo que en III, ya que parece hablar de un “pan” concreto y no el no contable “pan” de la oración original. Además, aparece un “el” (en “el pan”) como por arte de magia. El famoso elemento que falta (y, por lo tanto, se añade ad hoc para el análisis), ya que

V *Pan es comido por el perro

no es español razonable. Valga este ejemplo para decir que parece, pues, que no todas las oraciones con verbo transitivo y CD pueden ser vueltas por pasiva, a despecho de lo que libros y profesores hemos venido diciendo desde tiempo inmemorial.

Por regla general, el análisis escolar opera bajo la tranquilizadora convicción de que hay un número limitado de tipos de oraciones que pueden emitirse. Digamos, por ejemplo, que se contemplan dos tipos de oración compuesta: las que constan de dos o más proposiciones coordinadas y las formadas por una proposición principal y una o varias subordinadas a ella o a algún elemento de cualesquiera de las proposiciones.

Digamos, por ejemplo, que las proposiciones subordinadas adjetivas pueden contener un pronombre relativo o no. O que hay un número limitado (dependiendo de la editorial que edite el libro de texto) de Subordinadas Adverbiales… etcétera.

El asunto es que, cuando trabajamos sobre oraciones “preparadas”, el sistema funciona. Si las extraemos de la realidad y, en mayor medida, de la realidad oral, el sistema se colapsa como ocurre con I y II. O, dicho de otra forma, el análisis escolar fracasa en la pragmática.

Otro problema (y no es abusivo el uso de esa palabra) es el de la formalización del análisis, es decir, el del modo en que expresamos, gráfica o verbalmente, el análisis que se realiza en nuestro cerebro. Sin entrar ahora en el uso de árboles, arbustos o cajetines, que dejo para próximas entregas, me referiré aquí a la clasificación de los elementos (palabras, sintagmas, proposiciones, oraciones) ya que ello incide directamente sobre la expresión verbal (como se requiere en Selectividad) del análisis.

En el libro que usamos en 2º de Bachillerato, por citar un ejemplo de lo dicho, se consideran dos apartados dentro de las Proposiciones Subordinadas Adverbiales:

  • Las llamadas “propias”, por desempeñar una de las funciones que realizaría un adverbio enla Oración Simple, en este caso Complemento Circunstancial (Locativas, Temporales y Modales)
  • Las “impropias”, por no existir esa clase de CC enla OS(Causales, Consecutivas, Condicionales, Finales, Comparativas y Concesivas)

Sin embargo, otros autores aconsejan situar a las Consecutivas y Comparativas como una cuarta clase de Proposiciones Subordinadas: las Cuantitativas, que se sitúan así junto a las Sustantivas, Adjetivas y Adverbiales.

Esto ocurre porque la teoría general de las Consecutivas y Comparativas es tremendamente insatisfactoria y su descripción parece más casuística que taxonómica.

Véanse, a tal efecto, esta página, que recoge lo habitual en libros de texto, y esta otra, que plantea la nueva clasificación y su porqué y muestra, asimismo, el estado de perplejidad en el que se encuentran los gramáticos.

Mencioné antes la palabra problema (que, según Borges, es “una insidiosa petición de principio: hablar del problema judío es suponer que los judíos son un problema”) porque los alumnos, ante el examen de Selectividad, no pueden extenderse elucubrando: deben redactar un análisis y, previamente, haberse encomendado a alguna deidad para que en el examen  no salgan ni Consecutivas ni Comparativas.

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